San Benito Congregación de Subiaco, Orden de San Benito
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Part 2

El primer capítulo general (1880)

Desgraciadamente, y a pesar de la aprobación definitiva, el descontento estaba lejos de desaparecer. La Congregación había nacido en condiciones precarias, y su futuro se preveía muy problemático. Pío IX, que desde el principio había seguido de cerca el desarrollo, en 1876 hizo un último intento para salvarla creando una comisión cardenalicia «para la revisión de las nuevas Constituciones» y para superar la crisis. Cabe destacar que de todos los monasterios que componían la Congregación, solo tres habían tenido su origen en la “reforma” de Casaretto (los dos de Subiaco y el de Ramsgate); los demás venían de tradiciones propias o habían formado parte de organismos intermonasteriales. Sirvan como ejemplo los monasterios de Montserrat —antiguamente inserido en la Congregación de Valladolid—, la Pierre-qui-Vire —salido del espíritu y de la austeridad del P. Muard—, Montevergine —centro de una congregación homónima—, y finalmente Affligem —con un estilo de vida bastante abierto a la actividad pastoral—. Así pues, la Congregación se caracterizó   desde sus inicios por una gran variedad, un pluralismo, por tener cada comunidad su propia tradición, y por estar formada por monjes a menudo apasionados y comprometidos por una larga experiencia en diversos campos.

Después de la muerte de Casaretto, acaecido el 10 de Julio de 1878, el trabajo de la Comisión concluyó con la convocatoria del Capítulo General Extraordinario de 1880, que habría desvirtuado la misma intención del fundador y que se habría alejado sensiblemente de la tradición específicamente italiana y casinense. Las Constituciones fueron puestas sobre una nueva base, añadiendo además un corpus de declaraciones para adaptar las normas de la Regla a la situación de la época moderna. Por otro lado se volvió al abadiato perpetuo, se aceptó el voto de estabilidad emitido por cada monasterio y se mantuvo alguna forma penitencial como la abstinencia absoluta de carne y el rezo de los Maitines «a las dos de la madrugada». Se esperaba así dar a la Congregación su fisonomía definitiva.

Eran tiempos difíciles especialmente para la Provincia italiana, donde casi todos los monasterios habían sido suspendidos por el gobierno. En muchos lugares, como en las abadias del otro lado de los Alpes, los monjes sacerdotes también debían dedicar sus energías y su tiempo al ministerio pastoral, particularmente a la predicación y a la gestión de las parroquias anexas al monasterio. Será esta una costumbre que enseguida encontrará el reconocimiento oficial. El Abad Serafini escribiría al respeto: "Tenemos la vida monástica en todos los lugares, y aquellos pocos o muchos ministerios que podamos hacer concierne al superior decidir si, cuales, y en que situación deben hacerse".

Un período de ajustamiento (1880-1896)

En el capítulo de 1880 fue elegido Abad general don Nicola Canevello, indudablemente nostálgico de la «escuela casarettiana» y procurador el Abad Romarico Flugi de Aspermont, uno de los más terribles adversarios de Casaretto. En cualquier caso se trató de una buena elección, ya que Canevello era de temperamento afable, equilibrado, y había vivido con el Abad Casaretto desde la primera experiencia de Pegli (1843). A su muerte (1888) fue elegido para sucederle el alemán Giordano Bailsieper, que moriría dos años más tarde (1890) sucediéndole Romarico Flugi de Aspermont.

Por desgracia la situación política del momento no facilitaba los primeros pasos de la joven Congregación. Los gobiernos anticlericales de Europa se mostraban hostiles a cualquier forma de vida religiosa. Los monasterios de Italia vivían desde hacía tiempo un régimen de supresión; los de la provincia francesa estaban bajo la amenaza de la misma suerte, en vista de la cual los abades buscaban para sus comunidades un asilo fuera de la patria. A pesar de esta situación crítica, la Congregación se expandía, especialmente en países de misión como Bengala, Nueva Zelanda o Filipinas.

Hacia la madurez (1896-1900)

En el capítulo de 1896 fue elegido Abad general Domenico Serafín, hombre que poseía unas  grandes dotes de gobierno. Entre tanto la Congregación continuaba difundiéndose y encontrando una mayor cohesión interna. A esta época pertenece la fundación de Abou-Gosh en Palestina (1899), y el ingreso de la misión de Nueva Nursia realizada por Mons. Rodesindo Salvado. El nuevo general insistió de una manera especial en la formación intelectual de los jóvenes monjes, favoreciendo su envío al colegio internacional de San Anselmo, que había estado inaugurado  recientemente.

Pero el gobierno de Serafini, que había suscitado esperanzas y optimismo, alcanzó su fin de forma inesperada en abril de 1900 al ser nombrado Arzobispo de Spoleto.

El florecimiento (1900-1920)

Fue llamado a sucederle su hermano, Mauro Serafini, a quién todo el mundo reconocía como un hombre de sólida formación intelectual y monástica, así como de una gran apertura hacia los estímulos innovadores que provenían de la nueva cultura y de las abadías del otro lado de los Alpes. Durante el largo período de su gobierno, la Congregación conoció, no obstante, el clima se secularización de la sociedad, un extraordinario desarrollo y un imprevisto florecimiento. Especialmente por sus méritos, nació y se difundió una nueva mentalidad que fue recibida con entusiasmo por los jóvenes. Escribía Domenico a su hermano: «veo claro que los que han hecho unos buenos estudios llegan a ser buenos religiosos, tranquilos e útiles, porque pueden y saben en qué emplearse», y también: «a pesar de los peligros, que no disimulo, he visto con placer que hayan sido mandados dos jóvenes a San Anselmo y quisiera que, de vez en cuando, a los jóvenes sacerdotes se les permitiese algún viaje de monasterio a monasterio, especialmente en el tiempo de vacaciones. Esto ayuda mucho a abrir las ideas». Él mismo condensó su ideal monástico en estas pocas palabras: «unir la disciplina monástica de la observancia regular al apostolado».

Sin embargo, después de la supresión, la vida monástica se reemprendió en Italia aunque no sin dificultades y con iniciativas prudentes. Basta recordar que el 6 de noviembre de 1900 fue comprada una parte del monasterio de Praglia, donde se transfirieron definitivamente en 1904 algunos monjes provenientes de Dalia nell’Istria (?). Se notaba en cualquier parte un buen crecimiento, no en Europa, donde devastaban aún las leyes anticlericales, pero sí en las tierras de misión. En 1920, el número total de monjes alcanzó y superó el millar!

Pero desdichadamente no faltaron periodos difíciles, especialmente con los años de la primera guerra mundial (1915-1918), de la cual las repercusiones no tardaron a hacerse sentir también en los monasterios. Diversos monjes, tanto sacerdotes como conversos, fueron llamados a filas. Algunos fueron llamados al frente, otros se quedaron en la retaguardia destinados al departamento de sanidad.

El periodo de Mauro Serafini coincidió también con una demanda por parte de la Santa Sede de numerosos servicios. Especialmente bajo el pontificado de Pío X (1903-1914), cuando más intenso era el conflicto contra el modernismo, diversos monjes fueron elevados al episcopado o fueron llamados a desarrollar delicadas misiones como la de visitador o delegado apostólico para los institutos religiosos, diócesis y seminarios. Era un signo evidente de la que la Congregación gozaba de buena reputación ante la Santa Sede.

Pero también el gobierno de Serafini fue interrumpido en 1918, al ser nombrado Secretario de la Congregación de Religiosos.

Part 3

 

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