San Benito Congregación de Subiaco, Orden de San Benito
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Part 1

Los Inicios (1843)

Los orígenes de la Congregación Sublacense se deben a una iniciativa del Abad Pier Francesco Casaretto. Nacido en Ancona el 10 de febrero de 1810, abrazó la vida monástica a los 17 años en la abadía casinense de Santa María del Monte, cerca de Cesena, donde profesó el 17 de Agosto de 1828. Debido a su delicado estado de salud, después de su ordenación sacerdotal sus superiores le sugirieron como única solución la exclaustración ad nutum sanctæ Sedis.

En 1841, la Congregación le pidió que asumiera el cargo de la parroquia de San Benito de Pegli (Génova). Casaretto aceptó a condición de poder formar allí una comunidad con un programa de vida que pusiera el acento en dos puntos concretos: «La perfección de vida y la estricta observancia de la institución benedictina casinense». En medio de un clima de decadencia su propuesta fue considerada un acto de valentía. La obra de Casaretto iniciaba con buena mano, contando también con la confianza del Papa Pío IX y el apoyo de Carlos Alberto, rey del Piemonte.

Los primeros pasos

La visita canónica del Abad Romarico Flugi de Aspermont en 1846 fue de capital importancia, ya que de algún modo llevaría la iniciativa a la aprobación oficial. Y no sólo esto sino que en el documento final aparecía ya un elemento de la observancia desconocido en la tradición casinense,  el del rezo de las Maitines a las dos de la madrugada. Mientras tanto el camino proseguía; el 28 de Julio de 1846 Casaretto obtuvo de la Santa Sede la aprobación de 18 artículos preparados por él, que deberían constituir una primera base concreta para la existencia de la nueva comunidad. Entusiasmado por el ideal misionero, el mismo año había tomado el monasterio de San Giuliano d’Albaro (Génova), un seminario para preparar jóvenes monjes destinados a misiones externas. Esto lo alejaba aún más de la observancia casinense.

Una provincia Sublacense (1850)

El 28 de Mayo de 1850 se había creado una nueva provincia llamada «Sublacense», que todavía formaba parte de la Congregación Casinense pero que dependía directamente de la Santa Sede. Estaba formada por los monasterios de S. Giuliano d’Albaro, Finalpía (Savona), Santa Escolástica de Subiaco (Roma) y San Juan Evangelista (Parma).

Acerca de la separación (1851-1867)

A medida que el tiempo iba transcurriendo, y especialmente a partir del Capítulo general casinense de 1858, cada vez se hacía más probable una eventual separación de los casinenses. Entre los motivos que más influyeron cabe destacar la diversidad en la observancia, la tendencia misionera y finalmente la internacionalidad, con la fundación de Ramsgate (Inglaterra) en 1856 y la agregación de los monasterios de Dendermonde (Bélgica) en 1858, La Pierre-qui-Vire (Francia) en 1859 y Montserrat (España) en 1862.

Congregación ad experimentum (1867)

Hacia 1867, diversas circunstancias como el voto de autoridad en el interior de la Congregación casinense, hicieron pensar a Casaretto que era el momento oportuno para afrontar la ruptura. Convocó una Asamblea extraordinaria, que decidió la separación pese al sufrimiento de muchos. La Santa Sede la confirmó por un período de diez años. La nueva Congregación llevaría el título, demasiado polémico y presuntuoso, de «Congregación casinense de la primitiva observancia». Veamos como  se hubiera organizado. Hubiese estado formada por cuatro Provincias: la italiana, la francesa, la española y la anglo-belga (?). La habría gobernado un abad «general», y cada monasterio era gobernado por un superior que no habría llevado el título de Abad siguiendo la tradición antigua, sino de Prior, elegido por la asamblea provincial por un periodo de tres años. Además la estricta observancia insistía en el rezo de las Maitines a las dos de la madrugada, en la abstinencia permanente de carne, y finalmente en la práctica de la vida en común y del voto de pobreza. Estas nuevas disposiciones no fueron acogidas por todo el mundo de buena gana. En particular muchos acusaban las nuevas Constituciones de haber introducido estructuras excesivamente centralizadas, «jesuíticas», y de haber destruido algunos de los puntos cardinales de la antigua y gloriosa Congregación Casinense.

La aprobación definitiva (1872)

Adelantándose a los tiempos, en apenas cinco años el abad Casaretto obtuvo la aprobación definitiva de la Santa Sede para la nueva institución. Las Constituciones de los cinco primeros años permanecieron prácticamente intactas, concluyendo así un primer periodo de treinta años de una historia que aún era incierta (1843-1872).

Part 2

 

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