San Benito, conocido como “El Padre del Monacato Occidental”, nació en Italia, en la ciudad de Nursia (hoy Norcia) del distrito de Umbria, cerca del año 480. Lo poco que conocemos de su vida se debe al Libro II de los Diálogos del Papa San Gregorio Magno, escrito alrededor del año 593, unos cincuenta años después de la muerte de san Benito, y basado sobre datos proporcionados por algunos discípulos del mismo santo abad.
San Benito es el autor de la famosa “Regla”, escrita para sus monasterios que seguían una vida “cenobítica” o comunal de oración, trabajo y hospitalidad. Los monasterios más conocidos fundados por san Benito que existen todavía son Subiaco y Monte Cassino, ambos en Italia. En el transcurso de los siglos, los discípulos de san Benito (tanto monjes como monjas) se han esparcido a todos los continentes habitados del mundo.
Como joven, nos dice san Gregorio en los Diálogos, Benito fue mandado a Roma para su educación en los artes liberales. Poco después abandonó los estudios y la vida mundana en favor de una vida consagrada a Dios, primero por tres años como ermitaño en una pequeña gruta en Subiaco, y luego como padre espiritual de los discípulos que se reunieron al lado suyo. Con el aumento del número, estableció doce pequeños monasterios en las colinas alrededor de Subiaco. Más luego san Benito dejó a la dirección de sus discípulos a la colonia de monjes en Subiaco y fundó un nuevo monasterio encima de una montaña fortificada llamada “Monte Cassino”, a unos ciento treinta kilómetros al sur de Roma. Fue en esta nueva fundación que él terminó la redacción de su Regla. San Benito murió cerca del año 547, unas pocas semanas después de la muerte de su hermana, Escolástica, que se había sido consagrada a Dios “desde su infancia”, según la expresión de san Gregorio. Benito y Escolástica fueron enterrados en Monte Cassino.
Aún antes de su muerte, Benito tenía fama de ser santo, de ser gran director espiritual y de realizar milagros por su intercesión. Aunque su vida y obra estuvieran limitadas a la región alrededor de Roma, el papel de Benito como padre monástico y legislador para el occidente ha extendido su fama por todas partes. Hoy unos cuantos miles de monjes y monjas observan su Regla, viviendo en monasterios y dedicándose a la oración y a labores de varias clases. Un gran número de laicos (llamados Oblatos) toman su inspiración de las enseñanzas de la Regla de san Benito como modelo para sus vidas.
San Benito tiene dos fiestas que se observan el 21 de marzo y el 11 de julio. La fiesta de marzo conmemora la muerte (transitus) de san Benito mientras la de julio conmemora a Benito como fundador y santo patrón del monacato occidental. La mayoría de los monjes y monjas observan el 21 de marzo como “Fiesta” litúrgica y el 11 de julio como “Solemnidad” litúrgica. La fiesta de santa Escolástica, que las monjas benedictinas guardan como “Solemnidad”, se celebra el 10 de febrero.
El 24 de julio de 1964 san Benito fue declarado santo patrón de Europa por el Papa Pablo VI, y luego el Papa Juan Pablo II nombró a los santos Cirilo y Metodio (los Apóstoles de los Eslavos) como “co-patrones” de Europa junto con san Benito.